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OPINIÓN: Los Juegos Olímpicos y la traición a la comunidad latina de Los Ángeles

Puede que la “ciudad santuario” ya no lo sea

Via Canva

Editor’s Note: This is the Spanish version of the original English-language opinion piece. Esta es la versión en español del artículo de opinión original en inglés.

Los Ángeles, durante mucho tiempo celebrada como una “ciudad santuario”, se encuentra ahora en una encrucijada peligrosa.

Los Juegos Olímpicos de 2028, designados como un Evento Nacional de Seguridad Especial (NSSE, por sus siglas en inglés), amenazan con debilitar las protecciones que hacen de esta ciudad un refugio para las comunidades inmigrantes. El gobernador Gavin Newsom y la alcaldesa Karen Bass, quienes dicen defender la equidad y la inclusión, están permitiendo políticas que perjudicarían desproporcionadamente a la población latina mientras se esconden detrás de una fachada de sostenibilidad y justicia social.

La designación NSSE otorga al gobierno federal —y, por extensión, a agencias como el FBI, el Servicio Secreto, el DHS y el ICE— un poder sin precedentes en Los Ángeles. Históricamente, eventos como este se han utilizado para justificar amplias medidas de vigilancia, una fuerte presencia policial y represiones contundentes contra la disidencia.

Alarmantemente, la alcaldesa Karen Bass ha acelerado este proceso al solicitar la designación de NSSE con cuatro años de anticipación a los Juegos Olímpicos de 2028, en lugar de los típicos pocos meses previos al evento. Este movimiento sin precedentes ya ha puesto en marcha una amplia coordinación de las fuerzas del orden federales en Los Ángeles, colocando efectivamente a la ciudad bajo una vigilancia prolongada.

Este desarrollo coincide con los renovados llamados del presidente Donald Trump a realizar deportaciones masivas, creando un entorno peligroso para los residentes indocumentados. Al alinearse con las medidas de seguridad federales bajo el pretexto de la preparación olímpica, el gobernador Newsom y la alcaldesa Bass son cómplices de políticas que podrían conducir a un aumento de las deportaciones, socavando el estatus de santuario que públicamente defienden.

Más Vigilancia

El despliegue de tecnologías avanzadas de vigilancia, particularmente los sistemas de reconocimiento facial, plantea riesgos adicionales. Los estudios han demostrado consistentemente que estos sistemas exhiben sesgos raciales significativos, con tasas de error desproporcionadamente más altas para las personas de color. Por ejemplo, la investigación indica que la tecnología de reconocimiento facial puede tener una tasa de error de hasta el 35% para individuos de piel más oscura, en comparación con menos del 1% para personas de piel clara. Esta disparidad aumenta la probabilidad de identificar erróneamente a residentes latinos, lo que podría llevar a arrestos y deportaciones injustas.

Durante los Juegos Olímpicos anteriores, las ciudades anfitrionas vieron una escalada en la vigilancia estatal y el desplazamiento, afectando desproporcionadamente a las comunidades de bajos ingresos y a las personas de color. En Río de Janeiro (2016), las fuerzas policiales utilizaron los Juegos como una excusa para llevar a cabo redadas agresivas en las favelas, apuntando a residentes negros y latinos bajo el pretexto de la “seguridad”. En Londres (2012), se desplegaron tecnologías de monitoreo CCTV y reconocimiento facial a una escala alarmante, sentando un precedente para futuros abusos. No hay razón para creer que Los Ángeles sería diferente.

Para los latinos en Los Ángeles, las implicaciones son graves. Un aumento en la presencia policial en vecindarios históricamente habitados por inmigrantes como Boyle Heights y South Central probablemente conduciría a más perfiles raciales, detenciones y deportaciones. Mientras el gobernador Newsom y la alcaldesa Bass denuncian públicamente la intromisión federal en la inmigración, están facilitando silenciosamente que el gobierno lleve a cabo vigilancia masiva y operaciones de ICE bajo el pretexto de “mantener seguros los Juegos Olímpicos”.

La proximidad de las comunidades latinas a las sedes significa que los residentes y visitantes pueden acceder fácilmente a varias competiciones olímpicas, lo que los convierte en un objetivo de vigilancia masiva. Entre las sedes anunciadas se encuentran:​

  • El Coliseo de Los Ángeles: Ubicado en Exposition Park, adyacente al Sur Centro de Los Ángeles, este estadio histórico albergará eventos de atletismo.

  • Estadio BMO: También situado en el Exposition Park, el Estadio BMO está programado para albergar partidos de fútbol durante los Juegos.

  • Centro Galen de USC: Este lugar albergará competencias de bádminton y está ubicado cerca del Sur Centro de Los Ángeles.

  • Centro de Convenciones de Los Ángeles: Situado en el centro de Los Ángeles, este centro albergará eventos de esgrima, taekwondo, tenis de mesa, judo y lucha.

Los Ángeles no puede permitírselo

Más allá de las libertades civiles, está la imprudencia financiera de albergar los Juegos. Los Ángeles ya enfrenta una grave crisis presupuestaria, con un déficit proyectado en cientos de millones. Los servicios básicos de la ciudad —alumbrado público, transporte público y vivienda asequible— están en mal estado. Es reprensible que los líderes de la ciudad continúen vendiendo los Juegos Olímpicos como un beneficio económico cuando la historia nos dice lo contrario.

Cada Olimpiada ha llevado sobrecostos, y Los Ángeles no sería la excepción.

Miles de millones de dólares de los contribuyentes se canalizarán hacia la seguridad olímpica y programas temporales de alquiler de autobuses para turistas, mientras que los vecindarios latinos de clase trabajadora continúan luchando. Si la ciudad no puede ni siquiera mantener las luces de las calles prendidas durante meses, ¿cómo puede justificar el gasto extravagante requerido para albergar un evento de esta magnitud?

La máquina de gentrificación

Inicialmente, Los Ángeles se comprometió a unos Juegos “sin construcción”, prometiendo que no serían necesarios grandes desarrollos. Sin embargo, este compromiso se está deshaciendo rápidamente. Ahora, la ciudad impulsa la exención de revisiones estándar para proyectos relacionados con los Juegos, una medida liderada por la concejala Traci Park. Esta exención otorga a los desarrolladores vía libre para construir sin controles, eliminando las protecciones que tradicionalmente han evitado el desplazamiento de inquilinos y comunidades trabajadoras.

Una de las zonas más afectadas por este cambio es la Zona de Promesa de Los Ángeles,creada oficialmente para fomentar la estabilidad económica y habitacional en comunidades desatendidas. En lugar de eso, con los Juegos en el horizonte, se está utilizando como vehículo de gentrificación masiva. La ciudad podría acelerar desarrollos de lujo bajo el pretexto de “preparación olímpica”, poniendo en peligro a miles de familias latinas que han llamado hogar a estos vecindarios durante generaciones.

Los promotores de LA28 afirman que serán los Juegos más “verdes” y “equitativos” de la historia. Son promesas vacías. Las mismas autoridades que impulsan esta narrativa están fracasando en invertir en soluciones climáticas reales, vivienda pública o transporte accesible para las comunidades trabajadoras. En su lugar, están encubriendo un evento altamente contaminante (“greenwashing”), desplazando a comunidades vulnerables (“sportswashing”) y vendiendo políticas regresivas como si fueran equitativas (“equitywashing”).

Un cambio político

Los latinos han sido históricamente una fuerza poderosa en la política de California, desde el surgimiento de los Trabajadores del Campo con César Chávez hasta el papel decisivo que jugaron los votantes latinos al voltear de color político el Condado de Orange. Hoy, mientras más latinos se alejan de las lealtades partidistas tradicionales, su poder político es más importante que nunca. Apoyar los Juegos Olímpicos en su forma actual es una traición directa a este electorado.

Las familias latinas no se beneficiarán de los Juegos: serán desplazadas, sobrepoliciadas y cargadas con la cuenta de un espectáculo diseñado para beneficiar a patrocinadores corporativos e inversionistas de élite.

Al alinearse con este modelo fallido, Newsom y Bass corren el riesgo de alejar permanentemente a una comunidad cuya influencia electoral no ha hecho más que crecer. Si no detienen inmediatamente los Juegos ni frenan la peligrosa expansión de la vigilancia, enfrentarán repercusiones políticas. Los latinos representan casi la mitad de la población angelina, y sus voces se elevan con más fuerza en contra las políticas que amenazan su seguridad y bienestar económico. El futuro político de ambos está en juego.

Si estos líderes no dan un paso al frente ahora, su legado no será de progreso. Los Juegos deben detenerse antes de que causen daños irreversibles a las personas que han construido esta ciudad y que siguen luchando por su futuro.

Sobre el autor

NOlympics LA es una coalición de organizaciones comunitarias que se opone a los Juegos Olímpicos de 2028 en Los Ángeles. Expone cómo los Juegos impulsan el desplazamiento, la militarización policial, la vigilancia masiva y la privatización de recursos públicos. Lucha por una ciudad que está con su gente, no con las corporaciones.

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