
Peter Schiff en el podcast The Iced Coffee Hour. Fuente: The Iced Coffee Hour
Opinión para The Latino Newsletter
Esta es la versión en español de un artículo de opinión originalmente publicado en inglés por The Latino Newsletter. Lee la versión original aquí.
SAN JUAN — Peter Schiff, un estadounidense nacido en Connecticut y uno de los beneficiarios más controvertidos del paraíso fiscal de Puerto Rico, recientemente desató una tormenta en las redes sociales al afirmar en una entrevista que es “100 por ciento puertorriqueño”.
¿Su justificación? El hecho de que ha vivido más de diez años en la isla y que está criando a sus hijos aquí.
Como era de esperarse, la reacción al comentario de Schiff fue fulminante —especialmente luego de su respuesta extraña en Twitter (ahora X), en la que afirmaba que, si se identificaba como mujer puertorriqueña, nadie cuestionaría su identidad de género. Los boricuas le respondieron con unas cuantas palabras bastante bien escogidas. Entre ellas, “colonizador” y “oportunista” fueron de las más amables.
Tal parece que Schiff tiene problemas para entender una verdad sencilla: que ser residente de un lugar no define tu identidad. Si así fuera, yo tendría un acento británico de lujo, una casa espectacular en los Cotswolds y respondería a “Pippa” porque viví 17 años en Inglaterra trabajando y criando a mi hija.
Schiff también tiene dificultad para captar que uno no se convierte mágicamente en puertorriqueño simplemente por recibir exenciones fiscales o por comprar una mansión. Nuestra identidad —ya sea por nacimiento en Puerto Rico o por profundas raíces familiares— se construye sobre tradiciones culturales y la herencia española, africana y taína. Nos une una experiencia compartida de colonización y nuestra lengua madre, el español, idioma que Schiff admitió en redes sociales que “solo habla un poquito”, incluso después de casi diez años en la isla.
Ser puertorriqueño es un deporte extremo. Hemos resistido décadas de colonialismo, años de privaciones económicas y desastres naturales devastadores. Ahora, enfrentamos una gentrificación que hace que muchos nos sintamos como extranjeros en nuestra tierra. A pesar de todo, jamás hemos olvidado quiénes somos.
Sin embargo, por ridículas que sean las afirmaciones de Schiff, su actitud de privilegio plantea una pregunta importante: ¿para quién es Puerto Rico: para los forasteros adinerados o para los propios puertorriqueños?
El Privilegio de la Ley 22
En 2017, Schiff trasladó su firma de gestión de activos, Euro Pacific, y a sí mismo a Puerto Rico, buscando ventajas fiscales bajo las Leyes 20 y 22. En ese momento, la Ley 22 permitía a los inversionistas extranjeros evitar el pago de impuestos sobre las ganancias de capital e ingresos pasivos, y la Ley 20 estableció una tasa impositiva del 4% para las empresas. Estos incentivos, ahora agrupados bajo la Ley 60, han sido recientemente modificados para exigir que los inversionistas extranjeros paguen un 4% de impuestos sobre los ingresos pasivos.
Mientras tanto, la mayoría de los puertorriqueños pagan impuestos más altos y el ingreso familiar medio es de poco más de 26.000 dólares.
“Puerto Rico es como una tarjeta para salir de la cárcel gratis. Es uno de los únicos lugares en el mundo, tal vez el único, donde los estadounidenses pueden ir y ser libres”, dijo Schiff en una ocasión, cuando se le preguntó por qué se había mudado al archipiélago.
Tremendo guiso, si logras conseguirlo. Pero no todo le ha salido bien.
En 2022, Euro Pacific Bank, una firma boutique propiedad de Schiff con sede en San Juan, fue cerrada por los reguladores puertorriqueños debido a niveles de capital y controles de cumplimiento inadecuados, dos años después de haber sido investigada por sospechas de evasión fiscal y lavado de dinero. Schiff terminó pagando $300,000 en multas. Dos años después, Schiff demandó al Servicio de Rentas Internas (IRS), a reguladores puertorriqueños y a otros, alegando una conspiración para cerrar su banco y difamarlo. Aunque un juez federal desestimó el caso, Schiff busca reabrirlo con base en documentos del IRS obtenidos en una demanda separada.
Y aun así, registros gubernamentales muestran que él nunca perdió su privilegio de la Ley 22 —ley que le permite vivir aquí y andar creyéndose “100 por ciento puertorriqueño”.
’LO QUE LE PASÓ A HAWAii’
Schiff no es el único colonialista de la era moderna que intenta pasarse por puertorriqueño. Los “influencers” y boxeadores nacidos en Ohio, Logan y Jake Paul, se dedican a los mismo, especialmente si hay dinero por medio. Cuando pelea, a Jake le encanta llevar una bandera de Puerto Rico y se jacta de su apodo “El Gallo de Dorado”, así llamado por el municipio al que se han mudado muchos beneficiarios de las Leyes 20 y 22. Durante el espectáculo de Bad Bunny en el Super Bowl, Jake tuiteó que la superestrella global era un “falso ciudadano estadounidense”, lo que generó críticas de su protegida de boxeo, Amanda Serrano, y de su hermano (quien ya había dicho que tampoco estaba entusiasmado con el espectáculo).
Es por eso que los boricuas deben preguntarse: ¿para quién es Puerto Rico —para ellos o para nosotros? Porque si no lo hacemos, cuando Bad Bunny cante “LO QUE LE PASÓ A HAWAii”, vamos a tener que sonreír con tristeza y admitir que Hawái ya está aquí.
La historia se está repitiendo. La apropiación de la identidad puertorriqueña por parte de Schiff y otros tiene un lado oscuro en la historia. Me recuerda a los ricos plantadores de azúcar y a los dueños de negocios que colonizaron Hawái. Este grupo de residentes no nativos, conocido como el Comité de Seguridad, desempeñó un papel central en la anexión de Hawái a Estados Unidos. Ellos decidieron el futuro del país, no los hawaianos.
Ahora, los colonos intentan apropiarse de nuestra identidad para opinar sobre nuestro futuro. Irónicamente, fue nuestro propio gobierno —específicamente, el gobernador del Partido Nuevo Progresista (PNP) a favor de la estadidad, Luis Fortuño— quien promulgó las Leyes 20 y 22 para “atraer” inversión extranjera. Es justicia poética que, al final, el PNP se haya perjudicado a sí mismo. Para los beneficiarios de exenciones fiscales como Schiff, la estadidad pondría fin a su guiso, a su “tarjeta de salida de la cárcel gratis”.
Seamos claros: nuestra identidad no está en venta. Los forasteros no pueden lanzar los dados y reclamarnos como si fuéramos Boardwalk o Park Place en el Monopolio. Puerto Rico no es una ficha en el tablero de nadie y nos negamos a que otros roben nuestra cultura o conviertan nuestro hogar en una versión tipo Temu de Mónaco en el Caribe. Es hora de levantarnos y luchar por lo que somos.
Sobre la autora
La exdirectora de noticias de Univision Puerto Rico y corresponsal de conflicto, Susanne Ramírez de Arellano es una columnista para The Latino Newsletter.
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Carlos Berríos Polanco editó y publicó esta edición de The Latino Newsletter.
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